miércoles, 7 de agosto de 2019

HOMILÍA, TERCER DÍA DEL CONGRESO MISIONERO EUDISTA



FIESTA DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR.
EN OCASIÓN DEL II CONGRESO NACIONAL MISIONERO EUDISTA.

Caracas,  6/8/2019.
 P. José Antonio Sabino Reyes. cjm.

¡QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ!

     Muy queridos hermanos y hermanas en el Corazón Santo de Jesús y María.  "Qué bien se está aquí", le dice Pedro al Señor Jesús... Hoy también nosotros bautizados, misioneros y misioneras le diríamos de igual manera al Maestro... "Qué bien estamos aquí".

     Quedémonos, ya tenemos las habitaciones, la comida, poco que hacer... qué bello este lugar, nuestro Tabor que se llama San Gabriel, muchos han subido a esta montaña para encontrarse y contemplar al Señor.

     Esta fiesta que celebramos hoy es un mensaje de esperanza también para nosotros, al igual que lo fue para aquellos apóstoles predilectos de Jesús de Nazaret, para Pedro, Santiago y Juan.  Hoy son nuestros nombres que aparecen en el Evangelio,  somos nosotros misioneros los invitados por Jesús para compartir con Él y contemplarlo a Él, dejando que su luz ilumine nuestra vidas... Vamos a decírselo al hermano(a) que tenemos a nuestro lado: “Deja que la luz de Dios ilumine tu vida”... dígaselo nuevamente hasta que esté convencido.

     Son tres ideas que a partir del escenario de la Transfiguración del Señor del Evangelio según San Lucas deseo compartir con Ustedes. 

     La primera idea la resumo en dos verbos, son dos acciones importantes en la vida de todo misionero, de todo bautizado.  “Encontrar y Servir”. Encontrar al Señor Jesús para poder servir a su Iglesia y a los hermanos, nuestros hermanos y sobre todo los hermanos más pobres. Dice el lema de este II Congreso Misionero Eudista “Sembradores de Esperanza”. Un misionero, misionera a donde se le envíe debe ser un sembrador de la Esperanza, de la Alegría, de la Palabra, de la paz. El camino misionero es un camino hacia lo alto para contemplar a Jesús, para encontrarnos con él y luego servir a los demás.

     Una segunda idea es entorno al verbo “estar”, retomemos las palabras del mismo apóstol Pedro: "Qué bien se está aquí" ese estar es “estar” con el Señor,  estar vinculados en la oración, estar en la misión. Esto me hace pensar en aquella ocasión cuando Jesús llamó a sus primeros discípulos, fue primero que nada para "estar" con él y luego fue para servir... primero la convivencia y luego la tarea, el servicio, la misión.  Estar en este mundo, pero también estar con él en el Paraíso, donde la meta para el que cree en él es el Paraíso, es su promesa de la vida eterna. 

      Jesús en medio de Moisés y Elías, entre la Ley y los profetas, se transfigura y transfigura los ojos y el corazón de sus discípulos; con los ojos han visto y con el corazón han sentido, “ver y sentir” para luego actuar,  sería “descender” y con este verbo la tercera idea. ¿Qué nos tocará hacer a nosotros?, descender de este Tabor, de esta montaña con una fuerza nueva y una fe renovada, un ánimo distinto y alegre en el  Señor... De acá no podemos volver a nuestras comunidades igual a como llegamos; de aquí saldremos gozosos para anunciar la Buena Noticia del Reino, la Buena Nueva de Jesús, que no es otra que su Padre nos ama.

     A pesar del doloroso anuncio de su pasión, crucifixión y muerte, Jesús les manifiesta a sus discípulos un pedacito del cielo o de lo que será su gloriosa Resurrección.  No podemos pretender la Gloria sin cruz y en este sentido San Juan Eudes, nuestro padre fundador, modelo de abandono cristocéntrico, nos enseña a añorar esa misma gloria pero abrazando la Cruz de Jesús.  Esa nueva fuerza que surge de esa experiencia es gracias al Espíritu Santo, para que, ustedes y yo demos un nuevo paso de conversión, dando cada uno un verdadero testimonio de su bondad y misericordia. De allí el por qué somos misioneros de la Misericordia; vale igual decir servidores, sembradores de esperanza y alegría en medio de este mundo que tanto lo necesita, Venezuela, Siria, Nicaragua, etc, lo necesitan, a gritos pide nuestra amada Patria en esta situación tan difícil y apremiante, testigos y auténticos profetas, Venezuela lo necesita y la misión está aquí en nuestro país.  ¿Qué nos toca en estos momentos? Prepararnos bien, formarnos mejor para servir mejor y servir, como nos decía Fray Luis, servir con excelencia dando y haciendo lo mejor para Dios.

     Busquemos más espacios de intimidad con el Señor Jesús, de profunda oración que nos ayuden con docilidad a acoger su Palabra a ejemplo de la Virgen María de Coromoto quien supo y nos enseña acoger y guardar todas esas cosas en el corazón y cumplir en todo la divina Voluntad del Padre.




     Roguemos a San Juan Eudes para ser signos concretos del amor, teniendo primero que todo un ardiente amor por Jesús y María, que en lenguaje Eudista es hacer que nuestro corazón sea una hoguera de amor misericordioso.  Amén.


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